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Crónicas de Teror
por José Luis Yánez Rodríguez, Cronista Oficial de la Villa de Teror

9 de mayo de 2007
Toma de posesión como Cronista Oficial
de la Villa de Teror

Sr. Alcalde, Vicepresidenta  de la Junta de Cronistas de Canarias, miembros de la Corporación del Ilustre Ayuntamiento de Teror, Sres. Cronistas presentes , señoras y señores, amigos.

Vaya de antemano mi agradecimiento por acompañarme en este acto en el que oficialmente asumo la responsabilidad y el honor de aceptar la designación de Cronista de esta Villa y sus gentes con que el Ayuntamiento de Teror ha querido honrarme.

Voy a hablarles de Teror, de la Virgen del Pino y los cronistas que han ido configurando su mito y su realidad.

Hablemos de un Teror de ensueño; Teror de quimera y utopía; Teror de pasado; Teror de proyectos y futuro; Teror de fiesta; Teror de camino; Teror de llanto; Teror de sentimiento; Teror de leyenda, que todo es uno. Y no podemos alcanzar a captar su fondo sin apreciar los valores de las múltiples facetas que presenta.

Obviamente, en primer lugar, la presencia de la Imagen de la Santísima Virgen del Pino confiere a este municipio su valor más preciado. No aceptarlo o no entenderlo así es no entender el porqué existe Teror y cómo ha transcurrido desde el siglo XVI el proceso de formación de su idiosincrasia más definitoria y las razones más profundas de su devenir histórico.

Villa y Virgen aparecen unidas, inseparables; Teror no es nada sin la Virgen y a los terorenses nos deleita el pensar que la Virgen gusta de estar en Teror y que nada sería lo mismo de no estar aquí. Para ello, para llegar a comprenderlo, hay que experimentar un profundo acto de fe, no de creencia religiosa, sino de confianza en que somos lo que somos por una razón;  de pasar por alto realidades o mitos, leyendas o rigurosos estudios históricos, opiniones o creencias; todo debe soslayarse, integrarse, reinventarse,… en el ara de crear y recrear Teror constantemente.

Después del acta capitular de 1514 incorporando la primera ermita de Teror a la Catedral y de las Sinodales de Murga haciendo mención a la aparición,  no andarían escasos ni Teror ni la Virgen de una pléyade de cronistas, literatos, historiadores, pensadores y hasta bullangueros propagandistas, que durante siglos coadyuvaran en esta tarea de, generación tras generación, afianzar las tradiciones y regenerar una y otra vez la semblanza de la Mariana Villa mutándola, transformándola, adaptándola.

Extrañamente, o no tanto si lo consideramos bien, no sería hasta el siglo XVII cuando los escritos, las tradiciones, las leyendas, este proceso de estudio y recreación comenzara a desarrollarse; por lo que pasaría más de un siglo de la conquista y de la aparición, hasta que en 1646, Francisco López de Ulloa en su crónica compendiara y reseñara por primera vez milagro e historia. Es sintomático, tal como nos indica el profesor Suárez Grimón, que no fuera hasta inicios de esa centuria cuando comenzara también a celebrarse el ritual de las periódicas Bajadas a la ciudad, cuando se dieron las circunstancias propicias para ello, para que el olor a multitudes afianzara este incipiente discurrir hacia el símbolo.

En 1676, el que posteriormente fuera nombrado por la Corona como Cronista general de los reinos de Castilla y León, Juan Núñez de la Peña, en su “Conquista y antigüedades de las islas de la Gran Canaria…” afianza lo dicho por Ulloa. Después serían Fray José de Sosa en 1678 y Tomás Arias Marín y Cubas en 1687 los que concluirían este primer paso hacia la configuración de Teror como custodio de una de las más importantes recreaciones de la Madre de Dios en las islas y en todos estos textos el milagro de la aparición y de todos los detalles que la rodearon (pino, fuente, dragos, luces,…) comenzará a recogerse, plantearse y estructurar la simbología terorense.

En este mismo sentido, y ya en el siglo XVIII, aparece la importante figura de Fray Diego Henríquez que en 1714 con su “Verdadera Fortuna de las Canarias y Breve noticia de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora del Pino de Gran Canaria” viene a significar el afianzamiento de esta simbología referida que, poco a poco, pasaría de ser divisa de Teror y de la Imagen a serlo de toda la Isla.

Pedro Agustín de Castillo en 1737 en su “Descripción Histórica y Geográfica de las Islas Canarias” y después los escritos del ya entonces prestigioso Viera y Clavijo, concluirían esta primera fase y dejaría a la Villa y a su templo a las puertas del periodo más floreciente de su historia. A mediados de este siglo todos clamaban por dar a la Virgen, a Teror, y a la isla toda, un hospedaje lo más lujoso que se pudiese para la que se comenzaba a configurar como la mediadora por excelencia del pueblo grancanario ante Dios: la Santísima Virgen del Pino. Y pueblo, clero y poderes fácticos de la Gran Canaria pusieron entonces manos a la obra.

La segunda ermita que cobijara a la Virgen desde inicios del XVII desapareció en 1760 y se inició, bajo la dirección del coronel Antonio de la Rocha, la construcción de un fabuloso templo que pretendía significar, evidenciar, lo que el Pino encarnaba para los isleños.

Nos cuenta un prebendado de entonces, Diego Álvarez de Silva, que terminando el mes de agosto de 1767, y con extraordinaria solemnidad, se celebró la culminación de este templo. Hubo lógicamente de todo: luminarias en las casas, hogueras en los campos circundantes, voladores por doquier; en suma, alegría general y amplia asistencia de los que en aquellos tiempos ostentaban cargos de importancia eclesiástica y secular, junto al pueblo que durante siete años había trabajado duramente para alzar el grandioso templo en un lugar que, ya desde un primer momento, se había comprobado poco apropiado para ello. Pero eso era lo de menos en la noche de aquel 28 de agosto: las gentes estaban alegres, el curato también lo estaba, regidores y canónigos, todos celebraron el evento. Pero en esto como en todo, los caminos para demostrarlo eran diferentes; y junto a “los sones armoniosos de trompetas, oboes, violines, flautas, clarines, timbales y tambores…” sonaron por las calles de Teror “los dulces acentos, festivas canciones, sonatas alegres, músicas suaves y festejos decentes…”. Diego Álvarez de Silva también dedicó al Pino una novena (luego prohibida) y un pregón al que tituló significativamente “El milagro de los templos y el templo de los milagros”.

Todo cambió entonces en Teror, desde su iglesia a la configuración urbanística de los alrededores, donde comenzaron a asentarse miembros de las familias principales de la isla, desde sus calles a los ingresos monetarios para permitir el máximo lujo de sus manifestaciones religiosas -acrecentadas por la donación por Carlos III del que luego se denominaría Barranco de la Virgen- todo se modificó para crear y recrear lo pretendido.
En las celebraciones de la inauguración del templo en el XVIII, el fervor hacia la Imagen se manifestó en muchas composiciones y coplillas que se repitieron hasta la saciedad. “Blanca paloma volando, Teror dichoso a ti vino, y se posó sobre el Pino sin saber cómo ni cuando…”. Las poesías y las canciones comenzaron a estar presentes en las celebraciones del Pino; aunque tendrían que pasar muchos años para que las creaciones de Néstor Álamo, Herminia Naranjo y otros, formaran el sustrato de una peculiar forma de relación cultural y popular de la fiesta con la Virgen y que se ha afianzado de tal manera que ya no se entienden las jornadas de Septiembre en la Villa sin que estos sones nos arropen y nos unan a nuestra entidad como pueblo.

Muchos han sido desde entonces los que, con la inspiración de la Virgen y de lo que a ella la rodea en estos días, han dejado volar su ingenio en honor a la fiesta, el pueblo canario, Teror y María. Ya desde 1782, en que el prebendado Fernando Hernández  Zumbado creara la novena con que hasta el día de hoy  se honra a la Virgen, sus palabras han venido repitiéndose por siglos: “En todas nuestras miserias, en todas nuestras fatigas, y en la hora formidable de la última agonía: Miremos para esta estrella, invoquemos a María”, pasando por el himno del jesuita don Juan Melián: “Oh, Virgen del Pino, imán de Teror, tu encanto divino cautiva mi amor”, el estilo sensible y sentido de Ignacio Quintana: “No impidieron los pinos ver el bosque, porque en uno tembló su luz la estrella…”, los sones de parranda de Néstor Álamo: “La Virgen, Virgen del Pino, la Virgen la más hermosa, la Virgen que tiene un niño con su carita de rosa”, nuestra cultura ha quedado impregnada ya para siempre del Pino y de todos los sentimientos que a su alrededor se mueven. Y aunque todas, hasta las más populares, pueden considerarse como himnos a la Virgen porque como tal surgieron, sólo dos creaciones musicales han quedado unidas a las celebraciones religiosas para invocar, evocar, recordar y llorar con el anual retorno de la Santa Imagen.

El primero de estos himnos fue compuesto en 1914 para celebrar la proclamación de la Virgen del Pino como Patrona de la Diócesis. Un canónigo terorense, don Miguel Suárez Miranda escribió la letra, y le puso música el maestro don Bernardino Valle. Don Miguel Suárez había nacido en la Villa en 1874; de carácter jovial, afable y culto, su vida y obra siempre, pese a ocupar una canonjía desde 1915, estuvieron ligadas a Teror y a la Virgen. Don Bernardino Valle Chinestra había nacido en el pueblo zaragozano de Villamayor en 1849; llegó a la isla, contratado por la Sociedad Filarmónica, en 1878 con las recomendaciones del músico Emilio Arrieta y de nuestro paisano Fernando León y Castillo. Años más tarde, don Santiago Tejera Ossavarry reformó la música de este himno.

Es una pieza excelente que ya sea por las connotaciones que posee, por lo evocador de sus sones, por lo que dentro del alma grancanaria penetra, no puede oírse sin que muchos sientan el nudo en la garganta:

“Ante el solio de luz esplendente
donde llena de gloria te vemos,
deja, oh madre, que alegres cantemos,
rebosantes los pechos de amor.
Salve Virgen gloriosa del Pino,
del canario solar protectora.
Oh mil veces bendita la hora
que pusiste tu trono en Teror”

El orgullo de Teror vuelve a estar presente

El segundo de los himnos, el llamado “Popular”, fue compuesto en 1955 para celebrar el cincuentenario de la Coronación Canónica de la Virgen. Otro terorense, Ignacio Quintana Marrero, nacido en 1909, poeta y periodista, primer pregonero de las fiestas en 1948 escribió su letra, y el director de la Banda del Regimiento Militar de Infantería de Las Palmas don José Moya Guillén puso la música. Aunque de posterior implantación, también ha conseguido calar muy hondo, y se interpreta muchas veces intercalado con el anterior:

” Tú eres la esperanza del pueblo canario,
firme sobre el árbol de eterno verdor…
Eres Tú la que vio de un santuario
de dragos y pinos nacer a Teror”.

No se entiende Teror, las fiestas y la devoción a la Virgen del Pino sin estas músicas que a su socaire han ido naciendo. El pueblo las mantiene y las siente como vía especial para llegar a Ella: tanto los sones populares como los religiosos, y como tales deben ser tenidas.

Ya en la XIX centuria, José Agustín Álvarez Rixo, Domingo J. Navarro, Agustín Millares Torres, participaron en este proceso de conformación de Teror, como centro espiritual de Gran Canaria y de su Virgen Milagrosa.

Cronistas particulares como Antonio Bethencourt, Antonio Romero y Zerpa o Isidoro Romero y Ceballos contribuyeron asimismo a establecer la urdimbre del símbolo. Van junto a otros dejando constancia no sólo de los grandes aconteceres de la Villa, sino también todo lo referido a los pequeños sucesos y así, junto al motín de 1808 o el quebranto de la arquitectura del templo, observan y escriben sobre el empedrado de la plaza o la llegada de la cigarra berberisca.

En todos ellos se aprecia una creciente participación del pueblo; éste se hace presente, toma entidad, participa, hace más suyo lo legendario y lo real; y el Pino entra plenamente en el subsconciente más íntimo e indiscutible de lo popular: la Virgen del Pino es ya Madre de todos, protege a los terorenses, a los grancanarios, los hace sus hijos más queridos.

En 1811, cuando la Virgen bajaba a Las Palmas por la epidemia de fiebre amarilla que por entonces asolaba la isla, los granaderos canarios que participaban en la Guerra de la Independencia en la batalla de Cádiz, instaban la protección de la Virgen del Pino, mediadora solícita que los protegía aún en esos lejanos lares.

…”Nos tiraron centenares de tiros y ni un hombre lastimaron siquiera, fue un milagro de la Virgen del Pino pues aquella gente no hacía otra cosa que trabajar intrépidos y dar vivas a la Virgen del Pino…”

Pasado más de un siglo, en 1938, en plena Guerra Civil, en la Cabeza de Puente de Balaguer se volverían a repetir por parte de las tropas canarias allí presentes los vivas a la Virgen en una contextualización plenamente emotiva, casi política, que no religiosa, de la Imagen. La Virgen volvía a servir de escudo contra los que deseaban el mal de los canarios:


“En la cabeza de puente
lloraba La Pasionaria
porque le zumbaba mucho
la artillería canaria.
Viva la Virgen del Pino”

El siglo XX entra con la primera persona que consta como cronista oficial de Teror. Al tinerfeño Manuel Picar Morales le seguirían en esta relación de personas interesadas por estudiar a la Villa y la Virgen, José Miranda Naranjo en 1927, García Ortega en 1936, Miguel Suárez Miranda en 1948, José Miguel Alzola, Sebastián Jiménez Sánchez, Emilio Valle Gracia, Ignacio Quintana Marrero y Santiago Cazorla en 1971,Florencio Rodríguez Artiles o, en 1981, Braulio Guevara Ramírez.

Además, con el desarrollo de la prensa a lo largo de esta centuria, infinidad de intelectuales, historiadores e investigadores sacaron a las páginas de los periódicos muchas colaboraciones que han contribuido en aumentar la ingente cantidad de información (no toda veraz, hay que decirlo) sobre la Villa Mariana, su pueblo y la advocación del Pino: Juan del Río Ayala, Francisco González Díaz, Batllori Lorenzo, Doreste Silva, Doreste Rodríguez (Fray Lezco), Claudio de la Torre, Antonio Cruz Domínguez, Francisco Sánchez Ojeda, todos los que realizaron “El Pino. Historia, tradición y espiritualidad canaria”,… y otros muchos han contribuido en la labor de hacer de Teror lo que ha sido y lo que es.

Terminando el siglo entra en esta nómina la ingente labor recopilatoria e investigadora del que hasta hace unos meses ocupara el puesto en el que hoy le sustituyo: Vicente Hernández Jiménez. A las importantísimas aportaciones desde hace años del profesor Suárez Grimón, completadas con la última publicación sobre las Bajadas a las Palmas conjuntamente con el periodista e historiador Jorge Liria, se han unido ultimamente los excelentes trabajos del licenciado Gustavo Alexis Trujillo Yánez, que han contribuido a reconsiderar el mito, a comenzar a recrear nuevamente la leyenda y la historia del pueblo.

En el proceso de recreación de Teror y su fiesta, ha sido igualmente significativa la presencia de uno de los personajes más singulares que jalonan el siglo XX en Canarias: Néstor Álamo Hernández, además cronista de la Villa durante 40 años. Entre este texto de González Díaz de 1918 referido a la romería del Pino: “El espectáculo es original, extraño, pintoresco. Hombres, mujeres y niños van mezclados, confundidos,…, en promiscuidad repugnante y mal oliente. Evocan la visión teatral y pictórica de esas caravanas de bohemios que pasean por el mundo entre sórdidos andrajos el espíritu rebelde de la eterna raza nómada…” y este otro de 1964 de Ignacio Quintana: “La ofrenda de la isla a los pies de la Virgen es una estampa de color y fervor imborrables que permanecerá en la historia insular como uno de los más sugestivos espectáculos, desde el punto de vista artístico, y como una de las más auténticas manifestaciones públicas de fe de un pueblo sano…” sólo media la invención, porque así fue, de la Romería tal como Néstor, con la connivencia del Presidente del Cabildo, Matías Vega; el alcalde de Teror, José Hernández y el Obispo Pildain la ideó en 1952. Néstor llegó a dotarla de su apariencia más viva y sentida: desde ese año compuso sucesivamente para la fiesta las tres canciones más representativas de la misma: “Ay Teror, que lindo eres”, “Pal Pino” y “Caminito de Teror”

 Y Teror siguió mutando con todos estos cambios. Y estos cambios trajeron también, con la presencia del simpar párroco Antonio Socorro Lantigua, la presencia de Teror en todo lo que de importancia se hiciera en la isla; y a la visita y favores de Primo de Rivera siguieron los del Cardenal Pacelli (que luego sería Papa Pío XII), el Nuncio Tedeschini, el general Franco, los Príncipes de España, ministros, el Príncipe de Asturias, contribuyendo a configurar la imagen, un tanto estereotipada, de Teror. En esta labor han ayudado también la relación de pregoneros y pregoneras que desde 1948 hasta la actualidad han elaborado muchas excelentes piezas literarias dedicadas a trazar las líneas maestras de cómo se quería ver al lugar, su Virgen, el milagro y la devoción.

En todo ello, para terminar, mi consejo para podernos entregar al disfrute de las excelencias de este maravilloso pueblo de las medianías isleñas, al regocijo de encontrarse en un lugar digno para vivir, con una historia y un bagaje cultural de los más interesantes de Canarias es confiar en que todo lo dicho es verdad, creer que Teror existe, entregarse al proyecto de mejorarlo y seguir reinventando nuestro futuro, el futuro de este lugar, corazón vivo de la Gran Canaria.

Y pensar que los que nos antecedieron hicieron lo que hicieron por nuestro bien y creer, apartando cualquier sentimiento religioso y realizando un acto de profunda confianza y convicción en lo que es Teror, en que, tal como reza la novena del Pino, “Nuestros padres nos han dicho que dirigidos por un resplandor maravilloso la encontraron en la eminencia de un Pino rodeada de tres hermosos dragos…” 

Y así descubrieron Teror.


Muchas gracias

 

 

 

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