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Crónicas de Teror
por José Luis Yánez Rodríguez, Cronista Oficial de la Villa de Teror

Abril 2008 
Antonio Sarmiento Ortega, un alcalde olvidado

El día de San José del año 1936, por orden del Gobernador Civil y como consecuencia de las
elecciones que habían dado el poder al Frente Popular, se nombró para el Ayuntamiento de Teror una Comisión Gestora presidida por una de las personalidades más relegadas a un pernicioso olvido durante décadas, don Antonio Sarmiento Ortega.

Tan solo unos días después, el 23 de abril, como alcalde de la Villa solicitó un mes de licencia para trasladarse a Madrid, en un alarde poco propio del excesivo localismo de aquellos años, buscando en la capital del país soluciones para los principales temas que interesaban a la corporación  terorense de aquel momento: los proyectos pendientes para dar salida al paro obrero; la creación de escuelas para las niñas para sustituir la enseñanza religiosa; las gestiones sobre el Palacio Episcopal para que se le diera un destino práctico "cesando el estado de abandono" en que se encontraba;…

Asuntos como la incautación del cementerio perteneciente a la parroquia, los pleitos de la Heredad de Quiebramonte, la mejora y adecentamiento de la Fuente de Santa María y la Fuente Agría, la ejecución de obras municipales destinadas a remediar el acuciante problema del paro, estuvieron presentes durante el corto mandato de don Antonio Sarmiento. A propuesta suya, se encargó el proyecto de ampliación en una segunda planta de las Casas Consistoriales, que no se vería realizado hasta unos años más tarde.

Pero todo acabó con la certeza de lo irremediable. El 1 de agosto del mismo año, cuando el país se debatía con las primeras convulsiones de la cruenta Guerra Civil, otro Gobernador designaba como nuevo Alcalde y Delegado Gubernativo a don Isaac Domínguez, dando inicio a un periodo histórico que acabó con muchas iniciativas de gran interés para la Villa y relegó al ostracismo a personas de relevante valía, entre las que se encontraba don Antonio Sarmiento.

Sus hijos afirman que tuvieron el convencimiento de lo que ocurría tras una progresiva intuición de que su padre era un represaliado, un elemento molesto para los que le rodeaban, uno de tantos que, luchando con una creencia sincera en estar haciendo el bien, se vieron apartados a un lado por muchos de aquellos por los que luchaban.

Casi 20 años más tarde, don Antonio Sarmiento se incorporó al Magisterio y fue desterrado a la isla del Hierro donde permaneció durante cinco años desempeñando labores educativas.

Su memoria se ha recuperado, su intención de luchar por el interés de sus convecinos también. Queda el incorporarlo con pleno derecho a la historia reciente de la Villa de Teror.


 

 

 

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